Ian explora el zoológico

A mi bebé siempre le han gustado los animales.

Desde muy pequeño demostró un gran interés por los leones , jirafas, elefantes, perros y patos. Por eso, cuando por cuestiones de trabajo tuve que pasar la mayor parte de mi domingo en el zoológico, no dude en ir acompañada de mi guapo esposo y mi lindo hijo.

Todo comenzó como un domingo normal, mi marido se despertó con un pequeño pie en la cara y yo con la cabeza de mi niño robándome la almohada. El papá cool, se levantó de la cama con mucho cuidado y fue por un poco de leche para que Ian tomara en lo que terminábamos de despertar. Como si hubiera estado al tanto de lo que pasaba, el pequeño Ian se despertó justo cuando su papá regresaba a la cama. Me regaló una sonrisa de buenos días y se dispuso a recargarse entre las almohadas para tomar su leche mientras los dos veían en la televisión a “Checo” Pérez correr en su carro rosa a toda velocidad.  Ese es mi momento favorito los domingos, ver a los hombres de mi casa tan iguales, tan tranquilos, tan felices.

Llegamos al zoológico un poco pasadas las 9:00 de la mañana, pusimos al protagonista de mi historia en su carriola y nos dispusimos a comenzar nuestra nueva aventura familiar.

Su primer descubrimiento fue unos pasos después de la entrada, cuando  vimos a una familia de patos cruzando el camino para llegar al otro lado del puente, Ian no podía creer lo que veía, señalaba a los agraciados patos caminar mientras se balanceaban de un lado a otro, nos veía e intentaba decirnos algo con su idioma de 1 año. Nos acercamos lo más que pudimos hasta que los simpáticos patitos desaparecieron entre la fauna del zoológico.

Nuestra primera parada fue el tigre. Entramos  a un cuarto fresco en donde puedes ver al tigre descansar bajo la sombra, pero mientras nosotros nos quedamos viendo a través  vidrio, intentando buscar al felino, Ian hacia amistad con un niño un poco más grande que el mientras jugaban y conversaban con gestos y sonidos. Al salir del cuarto vimos un pájaro de lo más exótico y fue en ese momento que escuchamos el primer “wow” de mi hijo, cuando volteamos a ver su cara de asombro, nos dimos cuenta que, lejos de señalar a la emplumada ave, el veía el rio que rodea a los animales.  –No pasa nada, seguro cuando vea a los gorilas se va a impresionar más- o al menos eso fue lo que pensé.

Caminamos un poco más y mientras su papá y yo pasábamos sin ver, Ian se sorprendía de las cosas más pequeñas, las plantas que rodeaban los troncos de los arboles, el color de las flores, las marcas en el piso,  señalaba  todo y después se le quedaba viendo fijamente, como intentando hacer una nota mental de lo que lo había maravillado.

Cuando llegamos a ver a los gorilas, estos estaban dormidos, pero había uno pegado al vidrio que los protege del público. Sacamos a Ian de su carriola para que se pudiera acercar y ver un poco más de cerca al herbívoro primate mientras descansaba y mi niño, tan lleno de vida y de asombro, comenzó a absorber todo lo que sus ojitos podían ver, de pronto, pego su nariz al vidrio mientras se agachaba. En este lugar, tan grande, lleno de animales tan poderosos, mi pequeño explorador decidió que lo más increíble eran las pequeñas ramitas rotas que estaban en el piso a un lado de los largos dedos del gorila reposando.

Seguimos nuestra aventura, vimos pingüinos, reptiles, jirafas, más patos y su reacción siempre fue igual, mientras veíamos al animal en cuestión, Ian encontraba en medio de ese todo, el detalle más pequeño y se asombraba, como un explorador de mundos desconocidos ante su mas reciente hallazgo.

Para cuando llegamos a los elefantes, mi niño estaba exhausto.

Así termino su domingo, un nuevo día, con nuevas aventuras, una nueva lista de descubrimientos y amigos peludos y emplumados que llevará en su memoria para siempre.

El pequeño Ian descubrió el zoológico, pero sus papás descubrimos esa capacidad de asombro que en la vida de adultos habíamos perdido. La habilidad de sorprendernos por las cosas más pequeñas y no dar por hecho o por merecido lo que nos envuelve. Ian encontró la magia en cada animal que visitamos y nosotros encontramos en lo mágico de su sonrisa, los misterios del mundo que nos rodea. Lo llevamos a que aprendiera sobre patos, tigres, pájaros, pingüinos, reptiles, elefantes, gorilas y jirafas; el aprendió sobre sencillez, igualdad,  amistad y  respeto. Nosotros queríamos que Ian hiciera un recuerdo más en su vida y él nos recordó como estar vivos.  Espero que la próxima aventura de la familia cachetes siga estando llena de sorpresas.

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