La agonía de nunca salir a tiempo

¿Porque cuando no tienes hijos, salir a tiempo es perfectamente normal, pero una vez que tienes pequeños exploradores corriendo por toda la casa, se hace prácticamente imposible?

Este fin de semana, como muchos otros, teníamos planes de reunirnos en casa de los amigos para celebrar el placer de compartir nuestro camino. Como siempre, el lograr salir temprano de nuestra casa, resultó ser todo una misión digna para cualquier superhéroe.

Desde temprano mi guapo marido y yo pusimos en marcha nuestro plan para terminar todos nuestros pendientes a tiempo y así poder llegar a nuestro compromiso, hasta con tiempo de sobra. Tres horas antes de la hora de salir, mi marido preparó la pañalera de Ian, mientras yo lo perseguía por toda la sala para poder darle un baño. Una vez que pude ponerle la primera gota de shampoo en la cabeza, el resto del baño fluyo con bastante rapidez, excepto al final, cuando mi pequeño explorador suposo que era más que justo que yo también me metiera a bañar y entre patadas y manoteos sacó prácticamente toda el agua de la bañera. Una vez seco y con medio pañal a medio poner, tuve que contestar las 10 preguntas que me hacía mi marido desde el lado opuesto de la casa sobre los quehaceres que le había encomendado.

Después de lo que se sintió como una eternidad y con Ian por fin vestido y peinado para salir, me dispuse a empezar a arreglarme, no sin antes verificar que todo lo demás estuviera listo… no lo estaba.  Mientras tenía un pequeño ataque de desesperación, de esos que nos dan a las mamás cuando las cosas no van saliendo como lo planeas, tendía camas, doblaba ropa y le ayudaba a mi guapo maridito a encontrar lo que se quería poner.

Faltaba una hora para salir, por supuesto que ese baño relajante que estaba esperando tener, había desaparecido de las posibilidades. Me bañe en dos segundos y me vestí. En eso me percaté de que en justo esos dos segundos mi hijo había tenido dos explosiones en su pañal y tirado la leche en el sillón. Lo bueno es que mi marido nunca le pone pero a ayudarme con las cosas de la casa, así que después de un “piedra, papel o tijera” a el le toco limpiar el sillón mientras yo volvía a arreglar a Ian.

Cuando por fin salimos de la casa, no podíamos creer que solo nos hubiéramos retrasado por 15 minutos. Claro, el punto de reunión era a media hora, pero no importaba porque verdaderamente 15 minutos se sentía como un nuevo récord personal.

Pusimos a nuestro hijo en la sillita del carro y volvimos a verificar que no se nos quedara nada, para mi sorpresa teníamos todo lo necesario. Muy contentos nos subimos al carro, nos pusimos lentes oscuros y justo cuando mi guapísimo esposo prendió la camioneta nos dimos cuenta de lo que sí habíamos olvidado GASOLINA. Rezando a todos los santos llegamos a la gasolinera que está a media cuadra de donde vivimos y pudimos llenar el tanque antes de que sucediera alguna otra calamidad.

Por fin llegamos a casa de nuestros amigos 1 hora más tarde de lo acordado. Aún así nos divertimos, comimos y reímos hasta pasada la noche.

No pierdo la esperanza de que algún día podamos volver a ser puntuales, mientras tanto lo seguiré intentando.

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