A mi hijo: perdón

A mi hijo: perdón.

Ayer fue un día difícil, por alguna razón no logramos entendernos, tal vez fue que ninguno de los dos queríamos estar en casa, tu querías estar con tus amigos y yo quería sentir la satisfacción de sentirme útil en mi profesión. El día terminó con un par de lágrimas compartidas y una larga platica mientras dormías.

Cómo quisiera, hijo mio, poder ser una mamá modelo, una mamá que te de todo lo que necesites. Quisiera ser una mamá perfecta, de esas que no se enojan y que siempre tienen las palabras perfectas para hacerte sentir mejor. Quisiera saber como hacer para que no pegues, para que compartas tus juguetes, para que recojas tus cosas y para que nunca dejes de aprender. Me encantaría poder protegerte siempre de todo lo malo que hay a tu alrededor. Ojalá pudiera hacer que te comieras toda tus verduras sin chistar. En lugar de todo eso, te tocó explorar este mundo conmigo en tu camino. 

Yo soy tu madre; una mamá enojona que trata de todo para que me escuches, una mamá que se sienta a llorar de desesperación después de la quinta vez que tuvo que recoger todos tus juguetes. Una mamá que se muere de miedo solo de pensar en todas las cosas que podrían pasarte. Una que en realidad no sabe bien lo que hace, así que por si acaso te pone una playera extra para que no te de frío. Te tocó una mamá que se pregunta todos los días si las cosas que hace o dice van a afectar tu futuro. Una que trabaja 8 horas al día y llega cansada a casa todos los días, para que tú puedas tener mas de lo que mis papás me dieron a mi. Una a la que le encantaría ser tu amiga, pero que se conforma con que la llames mamá. Está mamá que tu tienes, no tiene la mejor voz, pero siempre te cuenta las historias que le nacen en ese lugar, donde se junta mi anhelo de ser tu madre con la esperanza de hacerlo bien.

Mi querido hijo, habrá muchos días como los de ayer, en los que ni tu ni yo estemos de acuerdo. Pero en mis brazos siempre encontraras un lugar, en mis palabras siempre tendrás cariño, en mis ojos miradas de consuelo y tu nombre siempre tatuado en lo más profundo de mi corazón. No soy una mamá perfecta, ni siquiera estoy cerca de serlo, pero lo que si soy, es una mamá dispuesta a llorar, a reír, a trabajar y a dar todo por su hijo.

 

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