A finales de mis 20’s

Toda mi vida me ha gustado platicar, con el joven que me ayuda con las bolsas del mandado, con la persona que está detrás de mí en la fila del banco,con la cajera mientras me cobra. Y es que he aprendido que es mucho más fácil navegar por esta vida con una sonrisa.  

Algo ha cambiado con los años, el ruido dentro de mi cabeza se volvió más fuerte, las ideas más revueltas y la energía más débil. Cambió mi manera de ver de la vida y mis prioridades. Ahora me parece más importante que nunca estar abierta a diferentes perspectivas y oportunidades en todos los aspectos que me conforman, profesional, emocional, familiar e individualmente. Y aunque sigo platicando hasta con el palo de la escoba me encuentro en una etapa donde no tengo tiempo para dimes y diretes, o para personas falsas que se alimentan de las experiencias y errores ajenos.

Todos los días lucho por ser una buena persona, una buena esposa, madre, hija, hermana, amiga; pero no tengo tiempo para juegos. No puedo gastar el poco tiempo libre que me queda en falsas amistades, en enemigos pasivos, en envidias secretas. No quiero competir contra otras mujeres, en como se ven, como son mejores mamas, profesionistas o con el éxito de sus hijos o esposo.

En los días buenos soy toda una calamidad que logra lo que se propone. En los malos me mantengo pegada con pasadores y un Ave María. No soy perfecta, estoy cansada de tener que pretender todos los días ser alguien que no soy. No tengo tiempo para eso.

Necesito gente cerca que crean en mí, que vean mi potencial hasta en el día más nublado. Quiero personas que me compartan sus historias de guerra, sus luchas interiores, que me apoyen aún en mi peor momento. Gente que entienda el miedo que me da fallar, que no corra en dirección opuesta a las lágrimas que derramo cada vez que la vida se convierte en algo muy difícil de entender.  

Necesito conversaciones profundas y honestas, sin importar lo brutal que se puedan poner. Quiero personas que guarden silencio cuando lo que más necesito es gritar. Quiero gente que escuche problemas, que podamos compartir consejos sobre nuestra vida íntima, familia política. Alguien en donde pueda enterrar mis secretos en su alma y guardarlos del mundo para siempre.

Sin prejuicios, sin expectativas, sin llevar marcador.

Al llegar a esta nueva etapa de mi vida necesito más que pláticas con extraños, necesito amor, aceptación y un montón de risas.  

La vida es demasiado corta y no sabemos lo que el futuro nos depara. Así que busca amistades que llenen tu vida con cariño y apoyo, busca un amor que te entregue su alma sin condición. No desperdicies ni un solo segundo más en conversaciones banales o sonrisas falsas.

“Un buen amigo es aquél que entra cuando todo el mundo ha salido.”

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